No hay un momento en la historia de la psicología mexicana en el que no detectemos una
posición alternativa, crítica y radical, resistiendo a otra posición dominante, reglamentaria y
disciplinaria. Sin embargo, la oposición entre ambas posiciones no ha sido siempre la
misma, sino que ha variado con el tiempo.
Las posiciones también han variado, no sólo en
función del sistema vigente y de las ideologías de cada época, sino en relación a las
posibilidades de subversión ofrecidas por cada coyuntura histórica.
No hay dos momentos iguales en la historia de la psicología mexicana, pero todos
los momentos muestran una oposición entre las posiciones dominante y alternativa. Esta
oposición crea la tensión y la acción de la historia. Como cualquier otra verdadera historia,
la historia de la psicología mexicana es la historia de una lucha entre posiciones.
La percepción pública es de un experto en orientación, que principalmente funciona en
los ámbitos vocacional y escolar. En estas áreas, una buena parte de la formación de
orientadores y consejeros en México ocurre dentro de la formación de docentes, principalmente
para la secundaria, así como en los niveles de licenciatura o en programas de
formación para la práctica de nivel de entrada en pedagogía y educación. Aunque la
mayoría de estos programas todavía incluyen algunos cursos básicos con contenido
psicológico, sus planes de estudios tienden a girar más en torno a los enfoques teóricos
educativos tales como el constructivismo (Gavilán, 2007; López-Carrasco, 1991) que
en torno a las intervenciones de consejo u orientación basados en investigación o con
apoyo empírico.
En las áreas más cercanamente relacionadas con problemas graves de adaptación
humana o salud mental, la distinción entre programas dedicados a la formación de
consejeros o de psicoterapeutas es menos clara debido a que sus títulos formales
tienden a girar en torno a términos tales como psicología de la salud o psicología
clínica.
Es probable que esto cambie en breve, en virtud de que la nueva ley que regula
la práctica de las profesiones de la salud mental y especialidades como la psicoterapia
es más específica respecto a la formación y las credenciales de los psicoterapeutas y
acerca del concepto mismo de psicoterapia. Dado que la ley no incluye a la orientación
o consejo psicológico es probable que se amplíe la brecha conceptual entre las dos
disciplinas en lugar de hacerlas más semejantes.
Cuando un programa de formación profesional de entrada básica a la práctica profesional
(licenciatura) se acredita a través del proceso actualmente instrumentado por el
Consejo para la Acreditación de la Educación Superior COPAES, (descrito más
adelante) algunos de ellos, los más sólidos, guardan alguna semejanza con los
designados como combinado e integrado en Estados Unidos (CCIDPIP, 2009) aunque
estos últimos conllevan a un doctorado cursado después de una secundaria y un bachillerato
extendidos (4 y 4 años respectivamente).
En México, casi todos estos programas
implican cursos, prácticas de laboratorio, prácticas profesionales con alguna supervisión
y un examen formal que otorga el título de licenciatura (para una descripción
detallada del sistema véase Sánchez-Sosa, 2004). Actualmente hay más de 700
programas de este tipo en México pero no más de 75 están realmente acreditados. Las
dos diferencias más importantes entre estas licenciaturas (comunes a prácticamente
toda América Latina) y las del CCIDPIP en Estados Unidos es que realmente incluyen
pocas horas de práctica clínica supervisada y menos de la mitad incluye realmente
contenidos basados en la investigación clínica.
VIDEO: http://www.copaes.org.mx/home/motor/resultado_programas.php
REFERENCIA:
García Cadena, C. (2013). Psicología y salud en México: algunas reflexiones basadas en el sentido común y la experiencia. Diversitas: Perspectivas en Psicología.